Cómo crear tu ritual de escritura

Cuando estoy trabajando en un libro o en un relato, escribo cada mañana con las primeras luces del alba. Nadie te molesta, hace fresco - o frío - y te vas calentando conforme escribes.

Me sé esta cita de memoria; es la pieza clave de mi ritual de escritura: temprano por la mañana, una taza de té, mi cuaderno de notas, música suave de jazz y, a veces, una vela aromática.

Esto es lo que me funciona para escribir, pero no siempre ha sido así y, de hecho, a veces no lo es en absoluto. 

«Son las diez de la mañana del domingo. Quería haber madrugado pero, ¡cómo no! me he quedado dormida otra vez. ¿Qué tengo para hoy? ¡Ah, claro! Tengo que terminar ese relato corto. El plazo de entrega cuelga sobre mi cuello como la espada de Damocles y todavía no he escrito una sola palabra en serio. Me pongo ya. Las alertas del móvil empiezan a entrar (¡ping, ping, ping!) ¿Cómo no mirarlas? ¿Y si es algo urgente?. Han pasado veinte minutos y aún no he abierto el portátil.¡Empiezo ya, ahora sí! ¡Nada de redes sociales ni mails ni distracciones! ¡Anda, si no tengo foto en el avatar de la web! Se lo pongo en un plisplas… y ya han pasado otros diez minutos. Tengo que ponerme, pero ¿no debería recoger la ropa planchada primero? Sí, mejor si empiezo con las tareas poco importantes terminadas. ¡Y allá va otra hora! Las 12 ya, ¡cómo pasa el tiempo! Bueno, enseguida será la hora del aperitivo. No pasa nada. Esta tarde me pongo. ¡Prometido!»

¿Te suena? Esto es lo que pasa cuando procastinador es tu segundo apellido y no tienes un ritual de escritura que te ayude a concentrarte. 

¿Por qué te aconsejo tener un ritual de escritura?

Un ritual de escritura es una herramienta muy potente que te ayudará a ser un escritor más constante, enfocado y productivo. Es uno de esos buenos hábitos que tendrías que adquirir y cuanto antes, mejor. 

Cuando estás enfocado (ya sabes, fluyendo) todo es más fácil: las ideas se suceden (y no te parecen una birria), las palabras brotan y el texto avanza sin problemas. Escribes mejor, te cuesta menos «enganchar» donde lo dejaste ayer y, por un rato, te sientes un escritor «de los de verdad». 

¿Y cómo se consigue ese estado de gracia literaria? ¡Pues a través de un ritual de escritura! 

Un ritual de escritura es una herramienta muy potente que te ayudará a ser un escritor más constante, enfocado y productivo.

Habrá quién te diga que el ritual es la tumba de la creatividad y que no importa si hoy escribes en casa y mañana en un café, si hoy empiezas a las 8.00 y mañana a media tarde, pero yo creo que no es cierto.

El ritual de escritura es la manera en que los escritores adquirimos y ejercitamos nuestros «músculos literarios» y sin esos músculos bien fuertes y entrenados, somos poco más que babosas de las letras, arrastrándonos por ahí sin energía, fuerza ni control creativo. 

Y no lo digo yo. Los escritores ritualistas estamos en muy buena compañía: la de Hemingway, Maya Angelou, Murakami, Stephen King, Simone de Beauvoir, Susan Sontag,  Jack Kerouak o Henry Miller, por ejemplo. Y fíjate que alguno de estos grandes de las letras tenían una vida más bien desordenada, pero a la hora de escribir, ponían coto al caos y convertían la escritura en algo casi sagrado, ritualizándola. 

Ritual de escritura Susan Sontag
Susan Sontag
Ritual de escritura Jack Kerouak
Jack Kerouak en la icónica foto de Tom Palumbo
Maya Angelou

¿Cómo crear tu ritual de escritura?

Antes que nada, tu ritual de escritura es tuyo. Estas ideas solo te harán más fácil el crearlo y mantenerlo. 

1. La intención es lo que cuenta

Antes de dormir, cada día, manifiesta tu intención de escribir al día siguiente. Repetirte a diario que eres escritor y que mañana también escribirás hace maravillas en tu confianza y autoestima. 

2. ¿Qué te hace sentir bien?

En tu ritual de escritura solo caben las acciones y objetos que te hagan sentir bien: velas, música, tu piedra de la suerte, chocolate belga o una copa de ese vino que guardabas para una ocasión especial. ¿Qué hay más especial que tu libro? 

Si madrugar no es lo tuyo, ¿por qué forzarte a escribir a las cinco de la mañana? Haz lo que te venga bien y no te avergüences ( Victor Hugo escribía en pelotas, ya ves).

3. Aprende a negociar

¿De qué sirve tener un ritual de escritura si no tienes tiempo o no te dejan en paz? 

Decide cuánto tiempo necesitas cada día para escribir y sé realista, porque si estás empezando, no vas a poder trabajar ocho horas seguidas, ni cuatro; empieza por treinta minutos y ve subiendo. Cuando lo sepas, negocia este tiempo con tu familia, tu pareja, tus amigos y contigo mismo: nada de redes sociales, mails, whatsapps u otros ingenios diseñados para apartarte del texto. 

Recuerda: el ritual es para escribir. Exclusivamente. 

Ritual de escritura cierra la puerta
Cierra la puerta: esto es sólo entre tú y tu libro. No permitas que te interrumpan

4. Trabaja a puerta cerrada

Física o metafóricamente, trabaja con la puerta cerrada. En cuanto hayas completado tu ritual, te sientas a escribir y no te mueves salvo que sea un asunto de vida o muerte. 

Procura que tu escritorio esté ordenado o haz de ello tu ritual (como el famoso copywriter John Carlton) , ten a mano todo lo que puedas necesitar (incluyendo agua y el cargador del portátil), cierra esa puerta y no dejes que ni tú ni nadie la cruce. 

5. No pares

Cuando empieces a escribir, no pares. Si has decidido trabajar durante una hora, completa tu ritual, siéntate y no te detengas. 

No pares para releer ni para revisar o retocar lo escrito (salvo que hayas decidido dedicar tu hora a la revisión del texto). Si vuelves sobre lo escrito, puede que no te parezca bueno y tengas la tentación de abandonar. 

Para evitar releer, y si necesitas recordar dónde lo dejaste en la sesión anterior para seguir a partir de allí, te recomiendo que anotes en tu cuaderno las dos últimas frases que escribas cada día. Son todo lo que necesitas volver a leer. 

Ritual de escritura-gratitud
Gratitud, reflexión: reserva unos momentos al final de cada sesión de escritura

6. Reserva un tiempo al final de cada sesión de escritura

Despeja tu agenda para disponer de un tiempo extra cuando termines tu sesión de escritura: 

  • Si estás inspirado, esos minutos de más te permiten seguir trabajando y aprovechar el impulso para avanzar en tu texto. 
  • A mí me gusta terminar cada sesión de escritura con unos minutos de silencio, para dar las gracias y  dejar descansar la mente. Después sigo con mis tareas. 

7. Repite, repite, repite

Los rituales se afianzan por repetición

No sé si necesitarás 21 días, más o menos, pero sí que tienes que repetir las mismas acciones, en el mismo orden, a diario para que tu cerebro asocie el aroma a lavanda de tu vela, el té, la música o la oración silenciosa a las musas con empezar a escribir. 

Y si tu personalidad es tipo A (como la mía), no pasa nada si te saltas el ritual un día o dos. Lo importante es volver a él cuanto antes y seguir a partir de allí. No te fustigues. 

Para un escritor, un ritual es mucho más que una serie de acciones repetidas. Significa que consideras tu oficio algo «sagrado», que estás comprometido, que has tomado la decisión de hacer de la escritura tu manera de vivir. 

¿Tienes un ritual de escritura? ¿En qué consiste? ¿Qué importancia le das? 

Compartir tu manera de ser escritor nos enriquece a todos, así que ¡te veo en los comentarios o donde quiera que envíes este artículo! 

4 comentarios en “Cómo crear tu ritual de escritura”

  1. Ay María! Necesito ese ritual. Yo lo aconsejo también y no lo hago. Cada vez que digo: “voy a escribir” siento un pellizco en el estómago porque realmente quiero pero no me pongo. Cuando me doy cuenta es la hora de recoger niños. Que si no tengo sitio, que si las tareas de la casa, que si ….. aprendiendo de ti. Gracias

    • Hola, Pilar:
      No está sola. A mí, con los años que llevo en esto, me pasa lo mismo. Es tener una idea prometedora y me entran todas las ganas del mundo de ponerme a planchar, a leer o a salir a dar una vuelta. Me pasa tanto que hasta me compré el libro de Tara Mohr (Playin Big) a ver si encontraba una estrategia para domar este «pellizco». Al final, en mi caso, es más fuerza de voluntad y, en muchos casos, hacer justo lo contrario de lo que me pide el cuerpo. A lo mejor es que nos da miedo porque la idea es grande y llena de posibilidades.
      Un beso, sigue escribiendo y, si te atascas, ya sabes dónde estoy.

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