Buenos hábitos para ayudarte a escribir mejor

Me siento con T. en una terraza fresquita y entre sorbo y sorbo de café con hielo, hablamos de ese libro que empezó hace meses y no ha sido capaz de terminar. 

“Entonces, ¿cuál dirías que es el mayor obstáculo que te impide terminarlo?” – le pregunto. 

“El tiempo, claro. La empresa, los viajes, la familia…Tengo dos niños pequeños y todo se complica mucho” – da un sorbo largo a su café y no me mira a los ojos, así que ya sé que esto no es cuestión de las horas que dedica a escribir. 

“¿De verdad no puedes encajar una hora entre tus tareas diarias? ¿Tan justo vas?” -Está claro que nota la duda mi voz, porque empezamos a hablar de tiempo, pero de otra manera. 

Ya no se trata de no tener ni un minuto, sino de empezar a escribir con ganas, dejarlo porque la vida se mete en medio, perder el impulso y lo mucho que cuesta volver a recuperarlo. Hablamos de tener buenos hábitos para escribir mejor. 

Renuncias y excusas

La mayoría de la gente no tiene el coraje de cambiar sus malos hábitos. Están llenos de excusas y se comportan como víctimas.

No hace mucho yo también era así: una “emprenscritora” en perpetuo debate entre la creatividad, los horarios y el tiempo (o la falta del mismo). Mi vocación tiraba de mí en un sentido y mis obligaciones del día a día en el opuesto. Mucha tensión, esfuerzo e inversión para tan pocos resultados. 

El problema es que renunciar a tu pasión o vocación no es tan difícil. De hecho, es muy fácil. Basta con que dejes que la vida te arrolle un par de veces y entras en la dinámica de dar a las circunstancias más valor que a tus objetivos y tus sueños. El trabajo de 8 horas acaba con tu vocación de escritor, la hipoteca vence a tu creatividad y las series de Netflix le ponen la puntilla a tus ambiciones. 

Así es cómo me he hecho con una colección de excusas de todos los tamaños y para todos los gustos: “escribir no da para vivir”, “tengo que descansar los fines de semana”, “la vida es dura, no estamos para tonterías”, “ya me gustaría, pero no tengo tiempo”, “no voy a dejar el trabajo y renunciar a la indemnización…”

Sigo sin tener la fórmula mágica para evitar que las excusas se conviertan en renuncias, pero sí he adoptado algunos hábitos con los que he mejorado muchísimo la situación. Y tú también puedes conseguirlo. 

Nuevos hábitos implican nuevas perspectivas, más foco y más creatividad

¿Por qué deberías cambiar de hábitos?

La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.

Sobre todo, porque lo que estabas haciendo hasta ahora no ha funcionado. Si estás estancado y ves que no progresas como escritor, ha llegado la hora de hacer algo diferente, pero no es necesario tomar decisiones drásticas. 

Lo bueno de cambiar de hábitos es que, incluso los más pequeños y sencillos, te mejoran la vida, porque lo primero que aumenta es la confianza en ti mismo. 

Tomar una decisión, ponerla en práctica y ser constante es una inyección de vitaminas para tu ego y una forma de reforzar tus capacidades, pero, además, adquirir unos buenos hábitos es sellar un compromiso contigo mismo y con la escritura; es decirte y decirle a los demás que quieres escribir y que harás lo que sea necesario para conseguirlo. 

Cambiar de hábitos te beneficia si...

Adoptar mejores hábitos beneficia a cualquiera, pero si hablamos de escribir, hay tres tipos de escritores que mejoran casi instantáneamente a pocos cambios que introduzcan en sus rutinas: 

  • Los procrastinadores: todos aquellos que adoran haber escrito y detestan escribir. Si eres uno de ellos, lo mejor es que evites tener que decidir entre escribir y no hacerlo. 
  • Los perfeccionistas: los campeones del retoque eterno. Cuando no puedes dar nada por terminado, ponerte límites temporales te sacará del agujero de la reescritura. 
  • Los improvisadores: aunque la mayoría de los escritores de ficción se la pueden permitir, la improvisación es la tumba de los de no ficción. Cuando un libro necesita investigación, datos fidedignos y ser absolutamente coherente de principio a fin, el azar está de más. 

Los dos hábitos que propongo resuelven la mayor parte de las dificultades que tienen esta clase de escritores. Si eres uno de ellos, te conviene aplicarlos. 

Sencillos y eficaces: los dos hábitos que han cambiado mi vida

Si quieres adoptar mejores hábitos en tu carrera de escritor, hay dos que puedo recomendarte sin temor a equivocarme. No sólo porque he visto sus resultados en los autores con los que trabajo, sino porque, aplicándolos yo, mi productividad y concentración han mejorado al ciento por ciento.

Ponte un horario

La cantidad de tareas que termino al cabo de la semana se ha duplicado desde que tengo un horario fijo para trabajar. 

Se acabó el escribir cuando estoy inspirada, publicar en las redes sociales a salto de mata o diseñar servicios si tengo un rato libre. Ahora, cada tarea tiene un tiempo asignado durante la semana y, cuando llega el momento, sé lo que tengo que hacer y para qué. 

¿Tienes que escribir varios posts, revisar dos capítulos de tu libro, publicar en Twitter y  preparar una propuesta editorial? Asigna un cierto número de horas a cada tarea y cumple tu horario. Aunque no te de tiempo a terminar ninguna de ellas, ya no te agobiarás por todo lo que te queda por hacer, sino que te sentirás satisfecho por haber avanzado. 

Hábitos: sé flexible con los horarios
Permite algo de flexibilidad en tus horarios: la vida no tiene compartimentos

Para que este hábito arraigue, es mejor que tu horario permita cierto margen de maniobra. La vida no son compartimentos estancos y las emergencias ocurren. Siempre que tengas claro qué lo es y qué no (que estalle el grifo de la cocina es una urgencia; que a tu hermano le haya dejado su enésima novia, no), esta flexibilidad te dará el control sobre tu vida y tu trabajo. 

Eso sí, que la flexibilidad no se convierta en una excusa para incumplir sistemáticamente tu horario. 

Trabaja con "pomodoros"

Hábitos: el método pomodoro
Los tomates aumentan la concentración y la eficacia del escritor; usar sin moderación

El método Pomodoro es lo mejor que se ha inventado en gestión del tiempo y ayuda a la concentración y es el complemento perfecto para los horarios: con el horario decides cuándo vas a escribir y con el pomodoro, durante cuánto tiempo.

Antes de empezar a usarlos dejaba que una sola tarea absorbiese la mayor parte de mi tiempo disponible y, como resultado, siempre tenía la sensación de que estaba descuidando otras tan o más importante. Ahora, fijo secciones de 55 minutos (nunca más de dos por tarea) y, cuando suena la alarma, doy por terminado lo que estuviese haciendo y paso a otra cosa. 

De esta manera evito distracciones y estoy totalmente enfocada en la tarea mientras dura el tiempo asignado y así consigo avanzar mucho más. 

Los pomodoros son imprescindibles para que los perfeccionistas entiendan que todo tiene un final y que, cuando llega, hay que avanzar. Además, ayuda a los improvisadores a ceñirse a la tabla de contenidos y a no irse por las ramas.

Puedes usar un temporizador o una app. Yo utilizo Tide porque es bonita e inspiradora, pero hay cientos disponibles y todas ellas te ayudarán a concentrarte en tu manuscrito.  

Cuando sientes que estás atascado con tu libro o empiezas a desilusionarte, un cambio de hábitos suele ser suficiente para darte otra perspectiva y nuevas energías. 

Los horarios y los pomodoros me han ayudado muchísimo, pero no son los únicos. Son útiles si quieres ser productivo y eficaz, pero considera cambiar tus hábitos de sueño, alimentación y ejercicio si te preocupa tu salud; o ser más consciente si tiendes a dispersarte. 

Cualquier nuevo hábito positivo que incluyas en tu rutina influye en y aumenta tu bienestar en todas las áreas de tu vida. Es un buen motivo para intentarlo. 

¿Qué hábitos nos recomendarías y por qué? ¿Cuáles te gustaría incorporar a tu vida? Cuéntamelo en los comentarios. 

Y puedes compartir este artículo con  quienes necesiten un cambio de hábitos. 

Fotos: Tretyakov State Gallery Moscú, Pexels y Unsplash. 

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